Reflexión sobre la clase del 25 de Septiembre:
La clase estuvo orientada en torno a la revisión de los
principios que componen dos perspectivas que se encuentran presentes en
educación; por una parte la Perspectiva dominante y por otra la Perspectiva
inclusiva. La primera de ellas, se basa en diferenciar a los niños que poseen
alguna necesidad educativa especial del resto de los alumnos, así como también
en que es a ellos a quienes se les atribuye la responsabilidad de ser
“diferentes o anormales”, siendo necesario que estudien en salas o centros
especiales adaptados para sus capacidades y en los que asistan niños de igual
condición, lo cual resulta bastante excluyente. Asimismo, desde esta
perspectiva se considera a los alumnos “normales” como personas que no
requieren ayudas especiales, por lo que pueden permanecer en centros ordinarios
sin ningún sistema de ayuda complementario. Por otro lado, la segunda
perspectiva presente en educación valora la diversidad del alumnado y plantea
que no deberían existir grupos de alumnos diferenciados, sino que la educación
debe ser común para todos y lo que se debe hacer es buscar diferentes
metodologías para poder lograr que haya aprendizaje en todos los alumnos. De
esta forma, da cuenta del hecho de que todos los alumnos poseen sus propias
capacidades, por lo que no existirían niños “normales o anormales”. Así, otro ámbito importante de
destacar a propósito de esta perspectiva, es la capacitación del profesorado
para poder afrontar situaciones diversas, además del trabajo con el resto de la
comunidad del establecimiento educativo, especialmente con el alumnado,
buscando así el apoyo y la comprensión entre iguales.
Luego de la revisión de los contenidos que componen cada
perspectiva, se procedió a realizar una actividad de manera grupal. El profesor
le designó a cada equipo un caso, el cual debía ser comentado y analizado a
partir de las perspectivas revisadas. Nuestro caso en particular hablaba sobre
María Juana, una niña que cursaba tercer grado y que padecía una enfermedad
neurodegenerativa que limitaba su movilidad, dificultando la manera en que se
integraba al colegio, tanto de manera académica como relacional. La niña se
integró al colegio en primer año de enseñanza básica, momento en que se le
brindó ayuda para su traslado entregándole una silla de ruedas. Frente a esto,
el profesor a cargo del grupo hizo ver su molestia al solicitar al director que
no recibiera a María Juana, justificándose en que ni el aula ni el colegio
estaban en condiciones de recibir a la niña, por lo que ante tal indiferencia,
se tomó la determinación de que la menor acudiera a la escuela sólo tres veces
a la semana. Sumado a sus problemas de salud, María Juana tenía cierta
dificultad para adquirir conocimientos en su curso, además de falta de higiene
y una evidente desnutrición, por lo que fue llevada a un centro de atención a
la infancia. Al mismo tiempo se evaluó a la niña desde la parte curricular y de
lenguaje, evidenciando su bajo nivel curricular y un grave problema de
lenguaje.
En cuanto al contexto familiar de María Juana, se observó
poca higiene personal, problemas relacionados a pulgas y piojos. Sus padres son
una pareja joven, el padre presenta una discapacidad al no contar con una de
sus manos, lo que le impediría trabajar. En cuanto a la madre, ésta no asistió
al colegio, y habla sólo lengua Otomí -característica del lugar donde viven- lo
que le dificultaría aún más el comunicarse. El domicilio donde la familia
habita consistía en un cuarto de piedra, el que sirve a su vez de dormitorio,
comedor y cocina, no contando con servicios sanitarios. Respecto al sustento
económico de la familia, éste es otorgado por un programa de apoyo económico
por discapacidad, gestionado por la escuela, puesto que ellos no realizan
trámites dada su condición de lenguaje.
Frente a todo lo expuesto, se hizo una serie de sugerencias
a los padres de María Juana, destacando la importancia de su higiene, alimentación
y trabajo en el colegio, además de instarlos a pedir ayuda ante cualquier cosa
que necesitaran. En relación a la directora del establecimiento, a ésta se le
informó cómo se trabajaría con la alumna, y la mujer al ser una persona a favor
de la inclusión educativa, brinda todos los espacios de apoyo que estén a su
alcance para favorecer la práctica educativa, otorgando incluso permisos a los
docentes para que puedan visitar a la niña en su domicilio, informándose así
acerca de la salud de la menor.
Además de lo anterior, se acondicionó el aula, corredores,
patios y sanitarios, construyéndose también rampas en los pasillos y canchas,
para facilitar el traslado de ‘‘Juanita’’, y algo muy importante, se brindó
asesoría al profesor a cargo del curso respecto a la realización de
adecuaciones curriculares y de evaluación. Asimismo, se implementó el uso de
material concreto, actividades de sensopercepción con arena y masas, pues
fortalecen la motricidad gruesa y fina, entre otras actividades. Con el objetivo
de otorgar ayuda económica a la familia, se le entregó una beca a la niña,
sumado a un pase para recibir atención médica en el hospital del niño durante
dos años, el tratamiento finalizó con una resonancia magnética cuyos resultados
arrojaron que no queda más que entregarle una linda y buena calidad de vida a
la niña. Finalmente, y luego de diversas gestiones, se logró una vivienda digna
para María Juana y su familia, adecuada a sus necesidades, por lo que la
pequeña cuenta actualmente con un hogar de dos habitaciones, sala, comedor,
cocina y un baño.
Después de discutir con los compañeros de grupo llegamos a
la conclusión de que la perspectiva que estaba presente en este caso era la
inclusiva, ya que el centro educativo donde María Juana estudiaba fue adaptado
para suplir sus necesidades, sin haberla diferenciado del resto del alumnado.
Acá vemos que se cumplieron varios de los principios que componen la
perspectiva inclusiva, entre ellos, los más importantes y destacables del caso
fueron que la inclusión social se prepara en la inclusión escolar, esto
principalmente debido a que es un claro ejemplo donde la inequidad social llegó
a un punto tal que los padres de la niña no podían darle una mejor calidad, ni
a ella ni a ellos mismos, y sin embargo el que la escuela se haya involucrado
logró dar un giro en 180 grados a la situación, dándoles facilidades para que
su calidad de vida mejorará de manera drástica. Por otra parte, otro de los
principios importantes dentro de la perspectiva inclusiva, es que las
dificultades educativas resultan de la interacción entre las particularidades
del estudiante, las condiciones escolares, y el currículo de la escuela, punto
muy presente en nuestro caso. Sin embargo, esto se vio fuertemente discutido en
clases, en donde en la mayoría de los casos las dificultades del estudiante
eran siempre vistas como algo de lo que el estudiante, y sólo el estudiante,
debía hacerse cargo.
En este punto es que destacamos los cambios sociales que
tuvo María Juana, a raíz de la realidad escolar en la que se encontraba, ya
que, el colegio se encargó de realizar la gran mayoría de trámites necesarios
para mejorar la calidad de vida de la estudiante, desde ayuda médica, hasta
cambios en la infraestructura de su hogar, demostrando la relevancia y efectos
que puede llegar a tener el desarrollo de la inclusión.
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